Un virus llamado culpa. Desnudando al sentimiento de culpabilidad
Llega el Otoño, y con él, esos síntomas molestos que nos indican que podemos estar contagiado con algún virus. “¡Justo en este momento, que tanta decisión y energía necesito!, ¡qué mala suerte que tengo!, ¡qué habré hecho mal!”.
Seguramente estaréis pensando en el virus de la gripe, el resfriado común o cualquiera de sus molestas variantes… Lamento deciros que no voy a hablar de este tipo de virus, en esta ocasión vamos a hablar de otro tipo de “bichito” mucho más contagioso, molesto y sigiloso. Hoy desciframos el virus de la culpa.
Un día cualquiera en la vida del Señor X
Paseaba un día, como viene siendo costumbre, por el sendero de vías verdes que recorre mi pueblo y por el que suelo realizar mis ejercicios de meditación consciente en movimiento, cuando un vecino, llamémosle “Señor X”, enlaza su paseo con la vía por la que yo caminaba.
– “Hola Fernando, ¿dando un paseo?”.
– “Si Señor X, aquí estirando las piernas y tomando energías, ahora que tengo tiempo…”
No pude dejar de observar, el rostro preocupado, triste, con cierta angustia que reflejaba el temple de mi buen vecino y que mostraban a una persona desgastada con un sufrimiento emocional camuflado entre palabras, sin consciencia, sin forma…
– “¡Aprovecha Fernando, que la vida es muy dura, al final te hace pagar y sólo te da preocupaciones…! Mira yo, que después de tantos años trabajando…en la calle estoy… sé que he tomado malas decisiones… ¿pero qué hago ahora?… ¡Si volviera atrás…!”.
En mi trabajo como psicólogo, he presenciado no en pocas ocasiones, como es el caso del Señor X, cómo las personas viven encerradas, enfermas podríamos decir, de un virus que les agota, les incapacita y atormenta: su nombre es culpa.
Desnudando al sentimiento de culpa
La larga conversación que mantuvimos el Señor X y yo a lo largo de las maravillosas vías verdes de nuestro pueblo, me permitió exponerle que las emociones que llegan a nuestra conciencia, no deben clasificarse como buenas o como malas, son sólo emociones y como tales deben atenderse, entenderse y aceptarse, ya que en definitiva son nuestro salvavidas, nuestra brújula hacia lo que necesitamos.Las emociones que llegan a nuestra conciencia, no deben clasificarse como buenas o como malas. Click Para Twittear
A buen seguro os estaréis diciendo, ¡pues vaya salvavidas!, ¡prefiero no sentir nada! Sólo os pido un poco de paciencia, enseguida os lo explico.
En ese aspecto, en ese sentir emocional derivado de pensamientos intrusivos y recurrentes que llegan a la mente como un bombardeo de voces susurradas (“¡no sirves para nada!”, ¡”esto es culpa tuya!”, “¡no deberías…!”…etc.) es donde anida el virus de la culpa, que limita a quienes ha contagiado.
Sin embargo, este contagio cuyo origen reside en la certeza o creencia, en ocasiones irracional, de haber tomado una decisión cuyo desenlace le ha perjudicado, tiene como contrapartida la misión de hacer consciente al Señor X de que se ha equivocado, que su decisión ha sido un error, permitiéndole revisar el acontecimiento y si es posible repararlo. ¿Seguís pensando en que no queréis este salvavidas?… vivir sin una guía emocional es cómo caminar el desierto sin agua. ¡Y te aseguro que necesitas agua en el desierto!
Y es que el concepto de culpa en psicología define precisamente ese sentimiento desagradable que nace de la sanción, del señalamiento personal acusador o social producido por “algo que dejamos de hacer o hicimos y el convencimiento de que no debíamos hacer o sí hacer”. Esta condena autoimpuesta, genera esos sentimientos de remordimiento, lamento, impotencia y frustración que proyectaban los ojos y discurso de nuestro amigo, el Señor X. La culpa genera sentimientos de remordimiento, lamento... al tiempo que te limita y te ata. Click Para Twittear
La culpa, un virus que limita y nos ata
Tal y como suelo hacer en consulta al conversar con mis pacientes, intentar hacer consciente lo inconsciente, es un aspecto esencial en el proceso de sanar. El Señor X, vivía de modo constante en un “juicio”, donde era Juez, abogado y parte, obligándose a estar de modo permanente en el asiento del acusado, limitándolo, atándolo a emociones y sentimientos de los que no podía liberarse.
– “Tienes el virus de la culpa, amigo mío”. Le expuse tras escuchar lo que le ocupaba.
– “¿El qué?, ¿el virus de qué?”
– “Sí… te has contagiado de un virus que poco a poco desgasta tus energías. El virus de la culpa tiene unos síntomas muy característicos, entre ellos no poder parar de sancionarte y el reproche constante al que te somete en el resto de parcelas de tu vida. Es un virus que te paraliza, te limita, en definitiva, te ata a un sentimiento doloroso e incapacitante. ¿Lo reconoces?, ¿te sientes en ocasiones así?, ¿te das cuenta de cómo te ha contagiado?”
– “Pues la verdad Fernando, es que no me había dado cuenta… Lo cierto es que me paso el día dando vueltas a lo mismo y no hago nada más que estar preocupado y triste”.
– “¿Te encuentras más cómodo compadeciéndote de tu mala suerte y lamentándote por el pasado en lugar de focalizar tus pensamientos, sentimientos y emociones a construir un nuevo presente?”
-“No lo sé, es que no puedo pararlo ni cambiarlo”. Respondió con un tono de voz afligido.
– “¿Qué te lo impide?… le pregunté como quien lanza una piedra a un estanque esperando observar cuántas ondas es capaz de movilizar”.
Una simple pregunta que dirigida hacia el sí mismo, dedicando tiempo a la reflexión del para qué tanto sufrimiento, evita que caigamos una y otra vez en las trampas que el pensamiento nos pone, las llamadas disonancias cognitivas, que secuestran nuestra felicidad y bienestar, al provocar estados emocionales negativos y con ellos, el confinamiento de nuestra conducta. “¿Pensaría el Señor X, que merecería la pena aprovechar la ocasión para conocerse mejor?”.
Sintomatología del virus de la culpa.
Cualquier virus que se precie, ha dedicado tiempo y esfuerzo en desarrollar un patrón de síntomas que le hagan estar en el ranking de su categoría. El virus de la culpa, con su recurrencia y sigilo se ha convertido en un especialista, que no obstante deja una huella, unas características comunes y difíciles de obviar en las personas a las que infecta.
¿Cuáles son estas características tan visibles en el Señor X?
No hay que ser un especialista en salud mental ni un investigador de prestigio, para darse cuenta de la tensión constante en la que vive el Señor X, una tensión emocional cuya presencia dilatada en el tiempo le provoca estrés y frecuentes problemas musculares (somatización) debido a la rigidez corporal al que somete al cuerpo día tras día. Los continuos masajes y movimientos de cuello que se auto aplicaba no dejaban duda de ello.
La ansiedad y la angustia con cualquier acontecimiento diario, le hace perder el control sobre sus habilidades y capacidad personal, lo que le merma su autoestima. El no verse capaz de afrontar la más mínima injerencia de su entorno, promueve una desvalorización y desprecio hacia todo lo que le rodea, incluso hacia sí mismo. ¡Su crítica hacia todo lo que hacía era impecable!, ¡se había convertido en su peor enemigo y en un inflexible juez!
Un juicio personal recurrente y limitador, que favorece un miedo atroz e incapacitante ante la posibilidad de errar, de equivocarse de nuevo en cualquier decisión que debiese tomar. Como imagináis, las ataduras que mantenían preso al Señor X en forma de pensamientos negativos, no le deja avanzar y recuperar la confianza emocional.
Y es que la falta de confianza y la baja autoestima que este virus llamado culpa promueve, hace que el temor al rechazo, el miedo a equivocarse, la necesidad de aprobación de los demás y el pavor a ser señalado de poco válido o fracasado, deja al Señor X como si un camión le hubiese pasado por encima… ¡pero un camión grande!.
Píldoras para combatir y erradicar la culpa
– “Estoy ya desesperado Fernando, me cuesta pensar, no sé ni cómo me siento y no hago más que fastidiarla por donde voy… mi familia está ya cansada…”. “¿Qué harías tú?”.
Como psicólogo, siempre he mantenido la creencia de que si no se promueve que el paciente encuentre sus propias respuestas, acentuando las zonas oscuras a las que no tiene acceso, estoy haciendo mal mi trabajo. Vamos, que el Señor X quería unas píldoras para matar al virus de una forma rápida y certera.
– “No existen las varitas mágicas”, le dije. “Pero sí que conozco unas píldoras, una medicación que puede ayudarte a que te encuentres mejor”. “¿Tienes recetas?”
Una vez tenía ya su atención, y aplicando una cierta dosis de humor (que siempre me gusta tener en mis sesiones y en mi modo de vida), le receté CONZIENZUM 50 MG. Una medicación de toma única, especialmente indicada para el virus de la culpa cuyos efectos, le expuse, favorece:
- Permitirse pararse, detenerse, cuidarse con conciencia para observar qué nos está pasando, qué estamos sintiendo y cómo nos influye en nuestra vida. En definitiva, qué nos está diciendo el virus y para qué nos ha infectado, cuál es su mensaje, cuál es su significado, el para qué está ahí.
- Aumenta la capacidad de hablar, de expresarse libremente a todas las personas que nos rodean, dando la oportunidad de mostrar el malestar y los miedos que nos limitan. Dar voz al síntoma, es la mejor vía y canal para poder ir sanando las secuelas de la culpa.
- Promueve la capacidad de pedir perdón a los demás y de perdonarse a sí mismo.
- Reconocer la culpa y atender su mensaje, favorece una salida saludable a las emociones evitando que se queden ancladas en nuestro interior y siga infectando cuerpo y mente.
- Capacita para ampliar la consciencia de que la vida está llena de oportunidades y que equivocarse es una parte de ella que nos enseña, nos permite madurar. Somos humanos y errar es una característica que no debemos olvidar.
“¡Si, lo sé, lamento que no seas perfecto Señor X!”. FELICIDADES… ¡ERES HUMANO!”.
Una reflexión final
– “Señor X, lo que negamos vuelve una y otra vez, con más fuerza, de otra forma… lo que atendemos y reconocemos se acepta, se integra, fluye…”.
¡VAYA FRASE!… parece una sentencia…
Bromas aparte, me gustaría concluir esta caminata mañanera en compañía de mi buen vecino el Señor X, comentándoos que la sensación de culpa, este virus que pulula a nuestro alrededor, necesita de un tiempo de consciencia para sentirlo, reflexionar sobre aquello que lo ha provocado y entender cuál es su mensaje y para qué esta ahí.
La importancia del mensaje que favorece la culpa, es una cantimplora de agua en ese desierto del que hablábamos, promoviendo un aprendizaje de dónde tenemos que poner el foco de atención en nuestras vidas, reconociendo que somos vulnerables y que por ende, podemos equivocarnos.Atender el mensaje que la culpa promueve al Yo interior, es esencial para sanar. Click Para Twittear
Asumir que hemos errado y nos hemos dado cuenta, es aceptar nuestra responsabilidad sin caer en las garras del virus de la culpa que como sabéis desvaloriza, limita y nos ata.
– “¿Cómo te sientes Señor X?, ya llegamos al final del camino…
– Hasta hace un momento Fernando estaba muy pre-ocupado… y ahora estoy ocupado”
– “¡Ese virus amigo mío tiene los días contados!”.
Luis Fernando López Martínez
Psicólogo General Sanitario. Psicoterapeuta.
Psicólogo General Sanitario. Psicoterapeuta de adultos/adolescentes y Formador. Profesor en la UCM. Director Área Sanitaria, Codirector de ISNISS. Fundador y creador de Proyecto ISNISS del Programa de Doctorado en Psicología de la Salud de la UNED. Coordinador Técnico del Programa Hablemos de Suicidio del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid. Profesor de la UPV en el Especialista Universitario en Suicidología Investigador doctoral de conductas autolesivas y suicidas en entornos digitales, redes sociales e Internet. Profesor en diversas universidades públicas y privadas a nivel nacional e internacional. Máster en Psicología General Sanitaria. Máster en Psicoterapias Humanistas. Máster en Intervención Comunitaria. Máster en Mediación y Resolución de Conflictos. Técnico Experto en Violencia de Género. Experto en Duelo. Experto en Prevención e intervención en la conducta suicida. Experto en redes sociales e Internet.
Autor de las obras publicadas:
- Peajes Emocionales: un viaje de tu interior.
- Duelo, autolesión y conducta suicida: desafíos en la era digital
- Guía Práctica de la Autolesión y el Suicidio en entornos digitales.
- Abordaje Integral de la Conducta Suicida y Autolesiva. Guía para familias y profesionales
- Palabras que curan. El poder de las palabras en la autolesión y el suicidio.